Las granjas de insectos, un negocio con futuro

Granjas de insectos para alimentación humana y otras aplicaciones

7 Septiembre, 2017

En este blog hemos recogido infinidad de ejemplos de insectos capaces de constituir las más diversas plagas. En estos casos, la presencia de artrópodos o su propia actividad ocasiona múltiples perjuicios en nuestra salud, economía o entorno. Es por ello que desarrollamos variadas estrategias para el control de sus poblaciones, que suelen conllevar la eliminación de ejemplares. Sin embargo, existen en la actualidad ciertos sectores comerciales en España que se dedican a algo radicalmente distinto a lo que hacemos las empresas de control de plagas; la cría de insectos y otros artrópodos. En nuestro país, la apicultura es el claro ejemplo de una actividad en la que se promueve la proliferación de estos animales para tener un beneficio económico. Sin embargo, hay otros ámbitos productivos donde se busca el rendimiento a través de la cría de insectos. Algunas de estas actividades llevan años implantadas, incluso siglos, mientras que otras se encuentran en pleno desarrollo en la actualidad.

En España, el ejemplo más antiguo de lo que podíamos denominar como granjas de insectos es la cría de cochinillas (Dactylopius coccus), hemípteros de la Superfamilia Coccoidea, procedentes de América.De la desecación natural de hembras adultas de esta especie se obtiene el colorante natural denominado ácido carmínico. Para su crianza se cultiva la planta de la que se alimentan, la chumbera (Opuntia máxima), introducida en España en el siglo XVI como ya vimos en un anterior artículo. El ácido carmínico se ha empleado tradicionalmente para teñir prendas de ropa, pero también es utilizado como colorante alimenticio (E-120), en cosmética o en la industria farmacéutica. Aunque en la actualidad está siendo sustituido por otros compuestos más baratos y fáciles de obtener, todavía hay una importante industria en Canarias con gran relevancia a nivel mundial.

La cría de insectos no es cosa del pasado, ya que en la actualidad es una importante fuente de negocio con grandes perspectivas de crecimiento. Varias granjas de artrópodos se encuentran en funcionamiento en nuestro país; y su número va en aumento. Por un lado, la producción masiva de insectos (saltamontes, grillos, larvas de mosca, larvas de escarabajo...), se destina a la alimentación de animales como peces, anfibios, reptiles, aves o mamíferos; que se encuentran en núcleos zoológicos, granjas o bien como mascotas en multitud de viviendas particulares. Por otro lado, están surgiendo instalaciones para la fabricación de harina de insecto, que pueden emplearse como suministro alimenticio de piscifactorías y otras explotaciones ganaderas. En ellas, a partir de la biomasa de larvas de insectos, se obtiene una harina con un elevado contenido proteico, de forma natural, sostenible y que incluso puede servir para valorizar nuestros propios residuos orgánicos.

Las granjas de insectos españolas también sacan gran parte de su beneficio a costa de cubrir la demanda que otros países tienen de estos animales; aquellos en los que, tradicionalmente, los insectos forman parte de su dieta habitual. En España todavía está pendiente de desarrollo una normativa que permita criar insectos para consumo humano. Actualmente, todos los que pueden probarse en tiendas y restaurantes son importados. En este sentido, existen iniciativas para la fabricación de harina de insecto con las que producir alimentos humanos, tales como barritas energéticas. Tras el inicio de la regulación del consumo humano de insectos por parte de la UE y la recomendación efectuada por la FAO, es de prever que se multipliquen en el futuro este tipo de explotaciones.

También podemos encontrar empresas dedicadas a la producción de insectos polinizadores de cultivos o de control biológico de plagas fitosanitarias. Otras aplicaciones interesantes de las granjas de insectos son la producción de cebos vivos para pesca deportiva, la biodegradación o biotransformación de residuos, ya sean plásticos o incluso residuos peligrosos para el medio ambiente como los metales pesados; la obtención de larvas estériles para usos médicos, la producción de biocomponentes con interés industrial o la obtención de insectos para su uso en pruebas para testar biocidas. Por todo ello, tal y como vemos, la cría de insectos resulta ser un negocio con un gran potencial.