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Nueva York en guerra contra las ratas: el cambio climático aumenta sus plagas

Guerra contra las plagas de ratas en la ciudad de Nueva York

16 Enero, 2019

El cambio climático y el aumento de los problemas de plagas a nivel global están íntimamente ligados. La subida de las temperaturas medias propicia que los organismos plaga alarguen sus ciclos vitales. Esto no sólo pasa con los insectos que, por lo general, dependen del calor para reproducirse y proliferar. Los roedores también se ven favorecidos por estos cambios en las condiciones climáticas globales, lo que provoca un incremento en la incidencia de sus plagas, sobre todo en las grandes ciudades.

La ciudad de Nueva York, en EEUU, lleva décadas lidiando con sus poblaciones locales de ratas. Año tras año, aumentan las quejas y avisos por presencia de estos roedores. Si la semana pasada veíamos cómo los roedores plaga se adaptan perfectamente a las condiciones que les impone la vida en esta gran urbe y prosperan alimentándose de los restos de comida rápida dejados por los ciudadanos, ahora es el aumento de las temperaturas el factor que está contribuyendo a su éxito expansivo.

Las autoridades de la ciudad de los rascacielos afirman que el número de quejas de residentes por presencia de ratas ha crecido en los últimos años. La concurrencia de inviernos suaves está alargando el periodo de actividad de las ratas, por lo que disponen de más tiempo para alimentarse y reproducirse. Al mismo tiempo, al incrementarse los días con buen tiempo aumentan también las actividades al aire libre de los neoyorkinos, con lo que la cantidad de residuos dejados por éstos también es mayor; hecho que los roedores aprovechan. Los datos ofrecidos indican que sólo en 2017 hubo más de 19.000 llamadas al Ayuntamiento referentes a la presencia de ratas, lo que supone un incremento del 10% con respecto al año anterior. Y no sólo ocurre en Nueva York. Otras ciudades de EEUU, como Boston o Washington, también han experimentado incrementos similares.

Los expertos opinan que el cambio climático es uno más de los factores que está contribuyendo al aumento de las poblaciones de ratas en todo el mundo, pero no el único. En medios urbanos, con suficientes alimentos y un ambiente estable como el que puede proporcionar el alcantarillado, los roedores pueden reproducirse durante todo el año, manteniéndose grávidas el 30% de las hembras adultas. Fuera de esos ambientes estables, las ratas reducen su reproducción durante los meses más fríos del invierno. El aumento de las temperaturas puede incrementar el número de camadas anuales, al extenderse el periodo de cría. Si tenemos en cuenta que la rata parda o de alcantarilla (Rattus norvegicus) tiene, por lo general, entre 10 y 15 crías por camada, se puede comprobar claramente los efectos de la subida de temperaturas en las poblaciones de estos organismos plaga.

Sin embargo, existen otras razones que explican la proliferación de ratas en Nueva York según algunos investigadores. El aumento de las zonas urbanizadas, por ejemplo, hace que cada vez haya mayor número de construcciones humanas que les sirven de refugio. Además, el incremento de la población provoca a su vez más cantidad de basuras y demás residuos en la ciudad. Algunos afirman que con una adecuada gestión de estas basuras se contribuiría decisivamente al control de las poblaciones urbanas de ratas en las calles de Nueva York. Por tanto, un clima cada vez más cálido sólo mejoraría unas condiciones de por si favorables para la proliferación de ratas.

Que aumenten las plagas de ratas en la Ciudad implica una mayor preocupación por sus efectos en la salud pública. El año pasado se reportó una muerte en el barrio del Bronx por leptospirosis, enfermedad bacteriana trasmitida a través de la orina de roedores infectados. Por eso, el Ayuntamiento invirtió unos 32 millones de dólares en un programa de erradicación de las zonas más afectadas de la ciudad, con hasta 100.000 inspecciones dedicadas únicamente a la presencia de ratas. La técnica de control consiste fundamentalmente en la aplicación de hielo seco (CO2) en las madrigueras de los animales, reduciendo así el uso de cebos rodenticidas. Aún con todo, la guerra contra las ratas en Nueva York parece, por el momento, perdida.

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