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El insecto empleado en control biológico que salvó la economía de un país

El insecto controlador de una plaga con el que se salvó la economía de toda una región asiática

30 Marzo, 2021

Las plagas tienen una incidencia clara en la vida de aquellas personas que las sufren, ya sea por amenazar la salud pública o por provocar daños severos en alimentos y/o materiales. Todo ello se traduce irremediablemente en el correspondiente impacto económico. Es algo que siempre remarcamos en esta sección. Aun así, la mayoría de veces resulta muy complicado cuantificar y valorar las consecuencias negativas que tienen la presencia de plagas para la sociedad. Por este motivo, resulta de gran valor el caso que exponemos a continuación, en el que un proyecto para frenar una plaga agrícola, consiguió salvar la economía de todo un país y, de paso, contribuyó a conservar su biodiversidad.

Entre los frondosos bosques y selvas del sudeste asiático, aparecen multitud de terrenos cultivados con yuca, también conocida como mandioca, planta originaria de América del Sur y cuyos tubérculos tienen un alto valor alimenticio. Estas plantaciones incluyen desde cultivos industriales, conformados por miles de hectáreas, hasta pequeñas explotaciones de agricultores que se ganan la vida con esta planta. Como ha ocurrido otras tantas veces, los cultivos exportados a zonas alejadas de su región de origen, ha llevado aparejada la importación involuntaria de sus plagas. Así, en el año 2008 fue detectada por primera vez una de las que más afectan a las plantas de yuca. Se trata de la denominada cochinilla rosada de la yuca (Maconellicoccus hirsutus). La aparición de la plaga en esta región de Asia, supuso la devastación de los cultivos de yuca. Para compensar las pérdidas provocadas por el insecto invasor, los agricultores comenzaron a ocupar las zonas de bosque circundantes, aumentando así las superficies de cultivo. Por tanto, a las pérdidas económicas se unió un claro problema medioambiental; un aspecto ni mucho menos menor, si tenemos en cuenta que esta región del planeta se encuentra entre las que presentan una mayor tasa de deforestación tropical.

Recordamos que las cochinillas son insectos del Orden Hemiptera y la Familia Pseudococcidae. Al succionar la savia de las plantas a las que atacan, las hembras inyectan una “saliva” tóxica que ocasiona una malformación en las hojas y yemas terminales, deteniendo su crecimiento y provocando, finalmente, su muerte. Los daños en los cultivos de yuca fueron de tal magnitud que afectaron a las economías nacionales de varios países de la región asiática. Por ejemplo, en Tailandia, principal exportador mundial, el precio del almidón de yuca se triplicó. Otros productos como el maíz o la papa también sufrieron fuertes subidas por la plaga. La disminución en el rendimiento de los cultivos se estimó entre un 60% y un 80%.

La solución a tan difícil situación la encontraron en el enemigo natural de la cochinilla rosada, la avispa parasitoide Anagyrus lopezi, cuyas hembras seleccionan a las cochinillas como hospedadores para alojar y alimentar a sus larvas. A finales del año 2009 se empezaron a liberar las primeras avispas como controladores biológicos de la plaga. A mediados del año siguiente, en 2010, millones de estos insectos eran criados y liberados en masa en Tailandia, incluso desde avionetas. Aunque no existen datos que lo confirmen, se estima que las avispas A. lopezi empezaron a controlar las plagas de cochinillas con bastante rapidez. Una experiencia similar, realizada en África a principios de la década de los 80, redujo notablemente la incidencia de la plaga en tan sólo tres años. Se pudo comprobar que en este tiempo, en una extensión de 200.000 kilómetros cuadrados al suroeste de Nigeria, las avispas consiguieron disminuir la población de cochinillas; pasando de 100 individuos por cada planta de yuca, a menos de 10-20. Los expertos calculan que usar estas avispas parasitoides supuso un beneficio para los agricultores de la región Asía-Pacífico entre 14.600 millones y 19.500 millones de dólares al año.

Esta experiencia de control biológico ayudó a resolver satisfactoriamente una grave situación financiera, no sólo en Tailandia y los países de su entorno, sino en general en el mercado mundial del almidón. Por tanto, se demuestra la eficacia de este tipo de estrategias. Aun así, como ya hemos dicho en alguna ocasión, este método debe estar perfectamente diseñado y controlado. El control biológico clásico, en el que se libera al medio el depredador natural de una plaga, en zonas no autóctonas, si no es desarrollado adecuadamente, puede desembocar en un problema medioambiental mayor y, a la larga, también económico.