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Los mosquitos y el brote de virus del Nilo en Andalucía

El brote de virus del Nilo en España y su relación con mosquitos y aves

8 Octubre, 2020

Las enfermedades zoonóticas, aquellas que se transmiten desde los animales al ser humano, se están convirtiendo en los últimos tiempos en un grave riesgo para la salud pública. A pesar de que siempre han estado presentes a lo largo de toda la Historia, últimamente se están produciendo diferentes episodios que las están poniendo de plena actualidad. El coronavirus de la COVID-19, cuya probable fuente animal aún no ha sido confirmada, la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, asociada a las garrapatas o el virus del Nilo y su trasmisión a través de mosquitos, son buenas pruebas de ello. De este último hablaremos a continuación, para aclarar algunas de las informaciones que han aparecido durante este verano.

A mediados de agosto, alrededor de unos 20 casos de meningoencefalitis vírica, diagnosticados en los municipios sevillanos de Coria del Río y La Puebla del Río, en el entorno de las Marismas del Guadalquivir; dieron positivo en el denominado virus del Nilo. Dichos positivos fueron confirmados mediante análisis realizados por el Centro Andaluz de Virología. A partir de estos datos empezaron a surgir ciertas especulaciones e informaciones falsas, recogidas por medios de comunicación; que causaron una cierta alarma social. Se habló de que el virus lo transmite una especie exótica invasora de mosquito, Aedes japonicus, el cual ha sido detectado en España, concretamente en Asturias, y del que ya hemos hablado en esta sección. También se publicó que la enfermedad puede contagiarse de persona a persona. Dichas afirmaciones no son ciertas.

El virus del Nilo Occidental, Familia Flaviviridae, puede causar una enfermedad mortal del sistema nervioso. Se encuentra comúnmente en África, Europa, Oriente Medio, América del Norte y Asia occidental. La infección por este virus resulta asintomática en el 80% de los casos. En el 20% restante, puede causar la fiebre del Nilo Occidental caracterizada por fiebre, dolor de cabeza, cansancio, dolores corporales, náuseas, vómitos, etc. Puede desembocar también en una afección grave, conocida como encefalitis o meningitis del Nilo Occidental en la que, a los síntomas anteriores, se añade rigidez de nuca, desorientación, coma, convulsiones y parálisis. El periodo de incubación suele durar entre 3 y 14 días. No existe vacuna para esta enfermedad.

Se considera que los vectores principales de transmisión de este virus son los mosquitos del Género Culex, en concreto C. pipiens, es decir, el mosquito común, insecto típico de España. Por tanto, nada tiene que ver con la propagación de la enfermedad el mencionado A. japonicus ni ninguna otra especie invasora. El virus se mantiene en las poblaciones de mosquito gracias a la transmisión vertical, de los adultos a los huevos. Sin embargo, en el ciclo de transmisión intervienen unos intermediarios claves, las aves, principales reservorios y diseminadores. Éstas no se suelen ver afectadas por la enfermedad.

Los seres humanos, al igual que otros animales como los caballos, son hospedadores finales. Esto significa que son el último eslabón en la cadena infectiva, por lo que los individuos infectados no transmiten la enfermedad. Sólo se han descrito casos aislados de transmisión entre personas por transfusiones, trasplantes, vía transplacentaria y por exposición accidental en una necropsia.

España presenta elevado riesgo de aparición de brotes de esta enfermedad dada su estratégica situación con respecto al paso de aves migratorias entre Europa y África, siendo los humedales españoles áreas de nidificación importantes. En menor medida, también existe riesgo por la cercanía con el continente africano, puesto que el viento puede arrastrar mosquitos infectados del norte de África. Se trata, por tanto, de una enfermedad endémica de nuestro país, habiéndose detectado desde el año 2010 focos en aves y explotaciones equinas de Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Castilla y León y Cataluña. El brote de este año 2020 es el primero que afecta a personas en España. El control de la enfermedad pasa por un programa nacional de vigilancia y erradicación. Para luchar contra este foco son necesarios los tratamientos frente a estos insectos, así como la detección y reducción de sus zonas de cría. También son importantes las recomendaciones a la población, para que cumplan con una serie de hábitos o comportamientos, tales como la utilización de repelentes, cubrirse las partes más expuestas del cuerpo como las manos y las piernas, evitar la exposición a los mosquitos en las horas en las que éstos acostumbran a picar o el empleo de telas mosquiteras.