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Encuentran restos de raticida al analizar jabalíes urbanos

Detectar restos de rodenticidas en jabalíes urbanos en Barcelona

12 Agosto, 2020

La aparición de grupos de jabalíes en las zonas urbanas de grandes ciudades como Madrid o Barcelona no es un fenómeno nuevo, ni mucho menos consecuencia de la pasada cuarentena que hemos sufrido. Este fenómeno, como sabemos, lleva produciéndose ya desde hace algunos años en España, provocado por el aumento descontrolado en las densidades poblacionales de jabalíes y el incremento de las superficies urbanizadas, entre otros factores. Estos grandes mamíferos invaden las zonas habitadas de pueblos y ciudades en busca de alimento, provocando serios problemas, por lo que pueden calificarse prácticamente de plaga. Como consecuencia de estas incursiones de los jabalíes en las ciudades, ha surgido una nueva problemática recientemente descubierta y relacionada con el control de otra plaga urbana mucho más frecuente, la de los roedores.

Un equipo de científicos españoles ha llevado a cabo una investigación en la que se ha detectado que el 61% de los jabalíes, que habitan en la provincia de Barcelona, presentan residuos de sustancias rodenticidas acumuladas en hígado y músculos, especialmente las materias activas bromadiolona y brodifacoum. Centrándose sólo en el área metropolitana de la capital catalana, los investigadores han encontrado estas mismas acumulaciones en el 40% de los jabalíes analizados. La investigación ha sido realizada mediante el análisis de 83 ejemplares diferentes. El estudio ha sido llevado a cabo conjuntamente por el Instituto en Recursos Cinegéticos del CSIC (IREC), la Universidad de Barcelona y la Universidad de Lleida, y publicado en un artículo de la revista Science of the Total Environment.

Pero, ¿cómo es posible que aparezcan en los jabalíes estas sustancias para el control de plagas de ratas y ratones? ¿Qué consecuencias tiene? El jabalí es una especie omnívora, con una dieta en la que predominan los elementos vegetales pero en la que frecuentemente aparece la materia animal. Esta fracción animal es muy variable, pero en ella abundan los invertebrados, los anfibios y los micromamíferos. En dicha fracción está incluida también la carroña. Por tanto, los jabalíes en las ciudades no sólo se nutren de lo que encuentran en jardines, contenedores de basura o huertos urbanos; sino que también pueden alimentarse de ratas y ratones, vivos o muertos, que hayan consumido rodenticidas.

El problema de este tipo de biocidas es que tienden a acumularse en el hígado de aquellos animales que se hayan alimentado de los roedores que los han ingerido. El IREC lleva estudiando desde hace más de 10 años los efectos de esta bioacumulación en animales no diana, habiendo detectado en otros estudios restos de estas sustancias, por ejemplo, en el 100% de los búhos analizados o en el 85% de las lechuzas. El efecto indirecto de los rodenticidas en todos estos depredadores es claro, provocando intoxicaciones severas que comprometen su supervivencia. Con respecto a los jabalíes, hay que tener en cuenta que su carne suele ser destinada en muchos casos al consumo humano. Sin embargo, los autores de la investigación creen que el riesgo para las personas es muy bajo, puesto que los niveles acumulativos en los músculos son casi nulos. Aun así, desaconsejan el empleo del hígado de jabalí como producto alimenticio, recomendando además evaluar con mayor profundidad los efectos que estas acumulaciones podrían tener sobre la salud pública.

A todo ello debemos añadir que, como ya hemos comentado en artículos anteriores, determinadas materias activas de algunos rodenticidas anticoagulantes, como la bromadiolona o el brodifacoum, en concentraciones iguales o superiores al 0,003% están catalogados como Tóxicos para la Reproducción, lo que implica efectos adversos sobre la función sexual y la fertilidad de hombres y mujeres adultos, así como sobre el desarrollo de sus descendientes. Por este motivo y todo lo expuesto anteriormente, el control de las plagas de roedores mediante el uso de rodenticidas debe realizarse con total cuidado, y como con cualquier biocida, evitando en todo momento que se vean afectadas especies no diana, incluido el ser humano. Los tratamientos de desratización urbana deben diseñarse para que sean totalmente seguros, algo que sólo puede asegurar una empresa de servicios profesionales de control de plagas como por ejemplo Biodal Control Ambiental.