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Control de plagas de fauna silvestre en las ciudades (II)

Animales silvestres que han colonizado las ciudades y pueden provocar plagas

6 Febrero, 2020

En el artículo anterior veíamos cómo, desde hace algunos años, se ha incrementado notablemente el catálogo de fauna urbana con especies animales autóctonas más propias de áreas silvestres. Un fenómeno que, sin dejar de ser positivo y enriquecedor, puede llegar a acarrear importantes problemas de plagas. El paradigma de esta situación que comentábamos es, sin duda, la del jabalí, especie cada vez más presente en determinadas zonas habitadas de grandes ciudades como Madrid. En el presente artículo continuamos viendo ejemplos de estos animales que han conseguido conquistar las áreas urbanas y que podrían llegar a provocar una plaga, aunque de momento no de forma tan clara como el jabalí.

El conejo de monte (Oryctolagus cuniculus) es otra especie animal cuyas poblaciones urbanas han experimentado un intenso crecimiento en los últimos años. En Madrid concretamente, este pequeño mamífero es muy abundante y puede observarse fácilmente en multitud de taludes de carreteras, descampados, parques, jardines y otras zonas verdes urbanas o periurbanas. Ya vimos en un anterior artículo cómo esta especie presenta una acentuada dualidad. Mientras que ha desaparecido de muchas de sus zonas de presencia histórica, tanto es así que recientemente ha sido catalogado como En Peligro por la UICN, en otras regiones están creando importantes problemas de plagas; afectando especialmente a áreas de cultivo. Allí donde se le ha considerado una plaga para la agricultura y la ganadería, el control de sus poblaciones suele realizarse mediante la caza, la captura de ejemplares con redes u otro tipo de trampas y también destruyendo sus madrigueras. En algún caso se ha experimentado con la aplicación de monóxido de carbono en los vivares.

Sin embargo, en una ciudad como Madrid, ¿podría originar el conejo una plaga? Pudiera pensarse que en zonas urbanas no tiene incidencia alguna, incluso que es positivo, puesto que han atraído a algunas rapaces a nuestro entorno, aumentando por tanto la diversidad faunística. Sin embargo, elevadas densidades de estos lagomorfos podrían tener también consecuencias negativas. En primer lugar, pueden representar un problema potencial para los conductores, cuando los animales cruzan las vías. No hay más que fijarse en la gran cantidad de conejos atropellados que pueden observarse en muchas vías madrileñas. Elevadas densidades de estos animales pueden dañar considerablemente las zonas verdes urbanas. También pueden contribuir a desestabilizar los taludes, no sólo con sus madrigueras subterráneas, sino también al eliminar la vegetación que los cubre y sirve de contención. Los terrenos urbanos donde los conejos son abundantes aparecen desprovistos de cualquier vegetación rastrera, especialmente después de la época estival y antes de la llegada de las lluvias otoñales, las cuales pueden afectarlos drásticamente por erosión. Por otro lado, desde el punto de vista sanitario, los conejos son uno de los reservorios del parásito causante de la leishmania. Teniendo en cuenta todo esto, sería conveniente contemplar alguna estrategia para el seguimiento de las poblaciones urbanas de estos animales y, si fuera necesario, establecer mecanismos para su control.

Jabalíes y conejos no son los únicos ejemplos de animales autóctonos que han ido poco a poco colonizando las ciudades en los últimos años. Las gaviotas, de varias especies, son cada vez más abundantes durante los meses de invierno en Madrid. Estas aves pasan la noche en lagos, embalses o ríos madrileños y durante el día se desplazan a los vertederos, en busca de alimento. Las cigüeñas tienen unas costumbres similares, pero suelen dormir y construir sus nidos en puntos elevados como antenas, tejados, farolas o postes altos. Son especialmente abundantes en el distrito de Villa de Vallecas, pudiendo provocar daños en aquellas estructuras donde se posan o donde ubican sus nidos. Así mismo, generan gran cantidad de suciedad debido a sus excrementos y a los restos de todo tipo que transportan hasta el nido. También podemos encontrarnos en la ciudad con las cada vez más numerosas palomas torcaces (Columba palumbus), habituales de parques y jardines, más robustas que la común paloma bravía o doméstica (C. livia). Los excrementos de todas estas aves pueden provocar importantes daños materiales, además de ser un potencial riesgo para la salud pública.

Estos ejemplos que hemos comentado no están catalogados específicamente como plagas urbanas pero, en determinadas circunstancias , pueden provocar problemas de este tipo, lo que sin duda supone nuevos retos para todos aquellos que nos dedicamos al sector de la sanidad ambiental y el control de plagas.