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Los efectos del cambio climático en los parásitos

El cambio climático afectará a pulgas y garrapatas

27 Septiembre, 2017

El cambio climático es una de los grandes retos a los que vamos a tener que enfrentarnos en los próximos años. Sus efectos se están empezando a notar en múltiples ámbitos, también en el control de plagas. Es sabido que, como consecuencia del aumento global de las temperaturas, determinados organismos, ya sea de forma natural o mediante introducciones, terminarán colonizando aquellos lugares donde hasta ahora no estaban presentes. Muchos de ellos serán parásitos, seres con una incidencia clara en la salud animal y humana. Esto ocurrirá de forma paralela a la expansión y proliferación de determinados insectos que son potenciales vectores de enfermedades. Todo ello deja claro que este fenómeno mundial supone y supondrá todo un desafío para los sistemas sanitarios.

Centrándonos en los parásitos, un estudio reciente realizado por un grupo internacional de científicos ha analizado cómo se verán afectados por el cambio climático ocho grupos diferentes de estos animales; varios de ellos con interés desde el punto de vista de la sanidad ambiental. Los organismos analizados han sido ácaros (Astigmata), garrapatas (Ixodoidea), pulgas (Siphonaptera), piojos (Phthiraptera) y varios filos de los denominados gusanos parásitos (acantocéfalos, nematodos, trematodos y cestodos). El trabajo ha sido publicado por la revista Science Advances. Según los resultados de dicha investigación, hasta una tercera parte de las especies pertenecientes a estos grupos podrían llegar a desaparecer en las próximas décadas como consecuencia del cambio climático.

Lo que podría parecer una buena noticia, desde un punto de vista sanitario, tendría un serio impacto negativo sobre los ecosistemas. Muchos parásitos desempeñan una importante función inmunorreguladora en las poblaciones de sus hospedadores. Algunos estudios afirman que una mayor diversidad de estos organismos puede actuar como regulador preventivo, al evitar la aparición de patógenos virulentos. También contribuyen a mantener las poblaciones de vida silvestre bajo control y forman parte de múltiples eslabones de la cadena alimentaria. La existencia de poblaciones fuertes y diversas de parásitos, compitiendo entre si, es un claro indicador de ecosistemas saludables, con una rica biodiversidad.

Los investigadores afirman que según los modelos de proyección más conservadores, entre el 5 y el 10% de los grupos parásitos considerados podrían extinguirse para el año 2070; sólo por las pérdidas de hábitat consecuencia de las variaciones climáticas. Los ectoparásitos, especialmente las garrapatas, tendrían peores perspectivas que los endoparásitos.

Al mismo tiempo, y a pesar de las extinciones locales, las poblaciones de parásitos podrían aumentar en determinadas zonas. Aquellas especies que consigan adaptarse al cambio climático invadirían los ecosistemas templados, reemplazando a las especies nativas; lo que tendría unas consecuencias ecológicas y sanitarias impredecibles.

Un ejemplo de lo que podría estar ya ocurriendo es la variación en la distribución geográfica de la conocida como fiebre de Crimea-Congo, junto con su vector, las garrapatas del Género Hyalomma. Esta patología es endémica de África, los Balcanes, Oriente Medio y Asia. En Europa sólo se habían registrado casos en la zona sureste. Sin embargo, en agosto del año pasado, se dieron los dos primeros casos autóctonos de la enfermedad en Europa occidental. Concretamente ocurrió en Ávila, donde un hombre se infectó por la picadura de una garrapata, contagiándose también una de las enfermeras que lo atendió. Los expertos señalaron que la variante del virus, de origen africano, pudo llegar a España en las garrapatas que parasitan aves migratorias. Posteriormente, estudios realizados por el Ministerio de Sanidad han detectado el virus en garrapatas localizadas en varias zonas de Castilla-La Mancha, Castilla y León, Madrid y Extremadura. Parece claro que el cambio climático puede jugar un importante papel en esta variación geográfica del patógeno y en su aparición en Europa Occidental.

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