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Las mantis ponen en peligro a los colibríes y a otras aves

Mantis devoradoras de colibríes y otros pequeños pájaros

13 Julio, 2017

El control biológico es una herramienta válida y eficaz para luchar contra determinadas plagas. Sin embargo, una vez más debemos recordar los riesgos que entraña la liberación de organismos al medio, sobre todo si se trata de especies no propias del mismo. En su aplicación, hay que evitar, en la medida de lo posible, cualquier impacto negativo en el entorno. Por todo ello, la estrategia debe estar perfectamente diseñada y controlada; habiéndose realizado previamente a su ejecución, una evaluación precisa de los posibles riesgos. Hay que decir que no es una tarea sencilla, puesto que las variables a controlar son múltiples, y determinados aspectos claves pueden haberse obviado, sea por negligencia o por simple desconocimiento. Buen reflejo de las complicaciones que pueden surgir tras la aplicación de un determinado método de control biológico es el caso que exponemos a continuación.

Las mantis (Orden Mantodea) son de los insectos depredadores más eficaces. Cazan al acecho, permaneciendo inmóviles con sus patas delanteras juntas, esperando a que una presa se acerque; atrapándola, tras un ataque súbito, con ese primer par de extremidades raptoras. De esta forma, pueden cazar artrópodos, peces, anfibios, reptiles e incluso aves y mamíferos de pequeño tamaño. Su eficacia depredadora hace que, en ciertas ocasiones, las mantis sean elegidas para combatir determinadas plagas, principalmente de insectos. El problema viene cuando estos cazadores eligen otro tipo de presas y ponen en peligro poblaciones de especies animales emblemáticas.

Esto es precisamente lo que está ocurriendo en algunas zonas de Norteamérica, donde se han estado liberando diversas especies exóticas de mantis, como medida de control de plagas. En la actualidad, estos insectos introducidos, sobre todo las especies de gran tamaño; constituyen una amenaza real para las poblaciones de colibríes y otras aves pequeñas. Así se desprende de una investigación publicada en The Wilson Journal of Ornithology. En el artículo se afirma que la captura de aves por parte de estos insectos depredadores es mucho más frecuente de lo que se pensaba hasta ahora. En este trabajo se ha constatado que las aves de pequeño tamaño son víctimas frecuentes de las mantis. Es más, este comportamiento cazador se repite en distintas especies de mántidos por todo el mundo. En Norteamérica se ven especialmente afectados los colibríes, características aves de la Familia Trochilinae, que son atrapadas por las mantis cuando visitan los comederos para pájaros o los jardines de las casas.

Los autores del estudio, investigadores de la Universidad Estatal de Luisiana en los EEUU y de la Universidad de Basilea (Suiza), han recopilado y documentado unos 150 casos de mantis devoradoras de aves en todo el mundo. Dichas mantis pertenecían a 12 especies diferentes, de 9 familias distintas. Los casos han sido recopilados en 13 países de todos los continentes, a excepción de la Antártida. Con respecto a las aves cazadas por los insectos, se identificaron 24 especies pertenecientes a 14 familias. De las aves capturadas durante los episodios registrados, el 78% fueron finalmente devoradas por las mantis, mientras que sólo un 2% consiguió escapar, lo que refleja claramente la habilidad cazadora de nuestras protagonistas. El porcentaje restante corresponde a aquellas que fueron salvadas por humanos, incapaces de ver cómo los pájaros iban a ser devorados por los insectos. El 70% de las observaciones tuvieron lugar en EEUU, donde los colibríes son las víctimas más frecuentes de las mantis, cuando éstos se acercan a beber de los alimentadores artificiales o a las flores que polinizan en los jardines. En especial, se ve perjudicado por este comportamiento depredador el colibrí de garganta roja (Archilochus colubris).

A tenor de lo descubierto, los investigadores advierten del peligro de usar mantis exóticas para el control de plagas en jardines, sobre todo las especies de gran tamaño, puesto que junto a las mantis nativas, pueden terminar afectando seriamente a las poblaciones locales de aves. También debe servir para concienciar a la sociedad del riesgo de liberar a la naturaleza ejemplares que se mantengan como mascotas; puesto que hay que tener presente en todo momento las asombrosas capacidades depredadoras de este insecto.