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Los flebotomos, otra plaga vector en España

Ejemplar de flebotomo de una de las especies responsables de la transmisión de Leishmania en España

20 Julio, 2016

Uno de los aspectos más importantes para que un insecto, o cualquier otro tipo de organismo, sea considerado plaga, es su incidencia en la salud pública. Por lo general, esto ocurre porque están implicados en la transmisión de determinados tipos de enfermedades, provocadas por virus, bacterias o parásitos. Dentro de los dípteros, los mosquitos son el ejemplo por excelencia; sin embargo, no son los únicos. En el siguiente post vamos a hablar de otro grupo menos conocido y que generalmente es confundido con los anteriores. Se trata de los flebotomos (Subfamilia Phlebotominae) pertenecientes a la Familia Psychodidae.

Estos insectos alados, también llamados moscas de la arena, son de pequeño tamaño, entre los 2 y 3 mm de longitud, de vuelo insonoro y cuyo cuerpo está cubierto de abundantes pelos, incluidas las patas y las alas. Son ovíparos con metamorfosis completa, y a diferencia de los mosquitos, su fase larvaria no es acuática, sino terrestre. Aunque no se conocen completamente sus focos de cría, se les ha encontrado en el interior de madrigueras, oquedades de construcciones humanas, alcantarillas, vertederos, etc. En estos lugares encontrarían las condiciones idóneas para el desarrollo de sus larvas, como son la humedad relativa elevada, ausencia de luz y abundancia de materia orgánica de la que nutrirse. Al igual que los mosquitos, las hembras tienen que alimentarse de sangre para poder producir los huevos. Y es en ese momento cuando adquieren relevancia como vector.

Los flebotomos pueden ser la vía de transmisión, entre otros, de varias especies de Leishmania, entre las que destaca L. infantum. Se trata de protozoos patógenos de varios tipos de animales como los marsupiales, los roedores, los cánidos y los primates, incluido el hombre. Son, por tanto, los responsables de la enfermedad conocida como leishmaniasis o leishmaniosis. Esta patología presenta dos formas. Por un lado la cutánea, que se caracteriza por la presencia de lesiones ulceradas en la piel. Por lo general, tiene cura, aunque las lesiones pueden durar meses o años y dejar cicatrices. Por otro lado está la visceral, mucho más grave, que afecta a órganos internos, fundamentalmente el bazo, el hígado y la médula ósea. Puede llegar a ser mortal si no se trata.

Esta enfermedad es endémica en España, de igual forma que en otros países de la cuenca mediterránea, pero con una baja incidencia en humanos. Por lo general, los flebotomos prefieren picar a los animales antes que al hombre, por lo que tienen una gran importancia en el ámbito veterinario, especialmente para los perros. La principal especie del díptero implicada en nuestro país es Phlebotomus perniciosus. Aunque las leishmaniasis humanas no son frecuentes, desde el año 2009 más de 500 personas se han visto afectadas por un brote en el sur de la Comunidad de Madrid. Por ello, están declaradas como zonas geográficas de riesgo localidades como Fuenlabrada, Leganés, Humanes de Madrid y Getafe.

En relación con estos insectos, un grupo de investigadores de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Extremadura ha identificado por primera vez en España flebotomos de la especie Sergentomyia minuta infectados de forma natural por L. tarentolae. A pesar de que esta especie de Leishmania sólo afecta a reptiles como las salamanquesas y no es patógena para el hombre, los científicos no descartan que estos parásitos puedan causar infecciones asintomáticas en los humanos. El descubrimiento es importante para que en futuros estudios epidemiológicos de organismos vectores, se pueda analizar la posibilidad de infestación de los flebotomos con nuevas especies de Leishmania.

Para concluir, decir que existe toda una serie de medidas preventivas y de control de esta plaga. En ella se incluyen la vigilancia de uno de sus reservorios principales, el perro; las campañas de trampeo e identificación de estos dípteros, la autoprotección (medidas para evitar las picaduras), por supuesto las medidas de saneamiento ambiental (desinsectación) en zonas de riesgo, la educación y formación sanitaria, así como el control de las poblaciones de liebres y conejos.