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Las altas densidades de jabalíes en España adquieren dimensión de plaga

Ejemplar de jabalí intentando acceder a los contenedores de basura

16 Diciembre, 2015

Como complemento al artículo de la semana pasada, vamos a hablar sobre los problemas que están originando las elevadas densidades de ciertas especies de fauna silvestre. Hay que recordar, que se considera plaga a todos aquellos organismos que no sólo están implicados en la transmisión de enfermedades infecciosas para el hombre; sino también que producen daño o deterioro del hábitat o del bienestar urbano, superando siempre un umbral de tolerancia. Por tanto, como ya hemos visto más veces, no debemos limitarnos a identificar una plaga con insectos como las cucarachas o con roedores; puesto que cualquier especie puede convertirse en plaga bajo determinadas circunstancias.

De hace unos años, son muy frecuentes las noticias acerca de los problemas que las elevadas densidades de ciervo (Cervus elaphus), corzo (Capreolus capreolus) o especialmente jabalí (Sus scrofa), están causando en casi toda España. La ausencia de depredadores, el despoblamiento rural, el abandono de actividades tradicionales que ha conducido al aumento de las zonas de bosque y matorral; el incremento de la superficies dedicadas a agricultura intensiva y el descontrol del crecimiento urbanístico, han provocado un fuerte repunte demográfico de estos animales, así como un mayor número de incidencias con el hombre.

Una de las consecuencias es el cada vez mayor número de accidentes de tráfico que involucra a estos animales. Según cálculos oficiales, es en la mitad norte de España donde mayor riesgo hay de sufrir un accidente por colisión con alguna de estas especies, siendo especialmente conflictivas las provincias de Soria, Burgos y Guadalajara. También en Galicia; por poner algún dato, en el año 2014 se registraron más de 600 siniestros relacionados con fauna silvestre sólo en la provincia de Ourense. La correcta señalización de las carreteras, los desbroces y limpiezas de los márgenes de vías para aumentar la visibilidad o el adecuado vallado y disposición de pasos de fauna, son medidas necesarias para tratar de reducir esta siniestralidad. También pueden ser útiles otras iniciativas originales como la instalación de reflectores azules de disuasión que propone una asociación animalista y que ya se está utilizando en EEUU o en diversos países europeos.

Por otro lado, estas especies también están provocando importantes daños a la agricultura, especialmente el jabalí; ya sea por consumir directamente los productos cultivados o simplemente por remover la tierra de los sembrados. Esto está ocasionando grandes pérdidas económicas, por lo que las quejas de los agricultores crecen por todo el país. Pero no sólo en el campo, puesto que los jabalíes han comenzado a hacer incursiones en las grandes ciudades. Cada vez es más frecuente que estos animales aparezcan, por ejemplo, en zonas urbanas de Madrid o Barcelona, especialmente en épocas de escasez de agua y alimento como el verano. La falta de recursos y su gran número les empujan a buscarse la vida en estos entornos urbanos, sacando provecho de zonas ajardinas, contenedores de basura o vertederos; causando algún que otro susto o destrozo, y obligando a las autoridades locales a capturarlos o abatirlos. Por no hablar de los daños en los hábitats naturales que densidades tan elevadas de determinados animales pueden ocasionar. Es sabido, por ejemplo, que el jabalí, en su búsqueda de alimento subterráneo, produce las características hozaduras, que pueden llegar a tener efectos negativos en algunos ecosistemas.

Por todo ello se hace necesaria la aplicación de técnicas de control poblacional. La caza suele ser la actividad más habitual para ello, mediante el aumento de los cupos de capturas, la concesión de permisos especiales o batidas puntuales. Resulta también imprescindible la realización de seguimientos demográficos y sanitarios de las especies. En el caso del jabalí, es importante evitar los cruzamientos con cerdos domésticos. En definitiva, todo lo que sea necesario para evitar que especies silvestres emblemáticas se conviertan en plagas.